martes, 14 de febrero de 2012

La chica del paraguas rojo



Apenas he podido dormir nada, lo voy a volver a ver de nuevo, q nervios, bufff…después de unos horas interminables, por fin cogí el tren, y mientras veo pasar el paisaje otoñal lleno de colores, soy consciente que cada vez estoy mas cerca, y mi estomago se encoje… y ¿qué hago?? ¿Lo beso?..¡dios!! Sus labios… Y en mi cabeza se superponen imágenes de sus labios acariciando mi piel, perdidos en mi cuello… jugando con mi lengua… “¡Angie despierta!!” -me digo mentalmente mientras que meneo la cabeza para intentar sacármelo. Sonrío, fue tan extraño... y recuerdo la primera vez que lo vi… me descubro en el reflejo del cristal del tren, viendo como la lluvia cae y las gotas resbalan, y esa imagen me lleva de nuevo a su piel; mojada en la ducha, y a mis manos acariciándole con fuerza, y a todo su cuerpo junto al mio, al frío de las baldosas, a la pasión desenfrenada e incontrolable… “dios angie” me digo mientras resoplo.
“En breves instantes llegaremos a la estación de Valencia capital”.
Me da un vuelco el corazón, ya estoy, ya estoy, ya estoy, ¿qué hago?? Aaayyy, digo nerviosa mientras no paro de mover las piernas ni las manos. Relájate, me digo mientras cierro los ojos, todo va a salir bien, relájate…
Noto como el tren va aminorando la velocidad, que es inversamente proporcional al latido de mi corazón que lucha por salir corriendo de mi pecho. Me da miedo mirar por la ventana y encontrarme con sus ojos, sigo sentada como paralizada, mientras el barullo externo de idas y venidas con el equipaje intenta sacarme del letargo. ¿Y si solo fue un sueño?? ¿Un sueño tan perfecto que es imposible que se repita? ¿Y si despierto de ese sueño cuando le vea?? Me gustaría salir huyendo y quedarme abrazada a ese recuerdo eternamente. Tengo que salir, ya no queda nadie en el vagón. Llueve… a pesar de estar toda la estación llena de gente me siento como si una burbuja me aislara del mundo, camino bajo el paraguas sin levantar la cabeza para no enfrentarme a una realidad que no sé qué cara tendrá. Me paro en seco, esperando que el mundo venga a despertarme, la gente se apelotona pero apenas pueden tocarme, ni un roce, ni una palabra pasa de esa burbuja que me rodea. Cierro los ojos y un escalofrío recorre mi cuerpo, un susurro sin palabras se acerca a mi cuello por detrás, sé que está ahí, y sin saber por qué sonrío y dejo de sentir miedo. “Princesa...” y su voz desmonta todas mis armaduras llenando mis ojos de lagrimas, me doy la vuelta en un instante que se ralentiza, y veo toda una vida en sus ojos, me coge con suavidad la cara para besarme con una ternura jamás sentida. Saboreo ese instante como si fuera el primero y el último, saboreo su olor, su piel, su alma, sus labios, y deseo que nunca termine… nos separamos tras una eternidad, mirándonos a los ojos, los míos asomados en lágrimas, los suyos brillantes y seguros. Me sonríe… me pasa el brazo por encima. “salgamos”…

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